viernes, 23 de enero de 2009

La visión autóctona en la novela Balastro, de Pedro Avellán Centeno


La visión autóctona en la obra Balastro, de Pedro Avellán Centeno

En la actualidad, se considera la novela como el género mayor de la narrativa. En Nicaragua, ésta se ha venido transformando, sobre todo a partir del siglo XX, en la forma de expresión literaria más importante y más compleja de los tiempos modernos. Esto debido a que se ha ampliado continuamente el dominio de su temática, interesándose por la psicología, los conflictos sociales, políticos e históricos y ensayando nuevas técnicas narrativas y estilísticas. De manera que la novela se ha convertido en el estudio del alma humana y de las relaciones sociales, en reflexión filosófica, en reportaje, o en testimonio polémico.

Por ello, la temática es el elemento fundamental de la estructura de la novela. Los novelistas nicaragüenses nos muestran un variado abanico de argumentos, algunos, en su mayoría son de tipo histórico, regionalista y rural, sin dejar de lado el aspecto autóctono como temática imponente en la novela, este es el caso de la novela Balastro, del autor nicaragüense Pedro Avellán. Sin duda, esta novela de corte regionalista y con marcado acento rural, no deja de sorprendernos por su genialidad y por la grandiosa mezcla de tópicos, como la presencia mística o mágica que ya hemos visto en autores como Gabriel García Márquez, y la presencia del regionalismo en Rómulo Gallegos y sin duda la característica del lenguaje autóctono presente en las obras de Fernando Silva, también la notamos en esta novela de Avellán, sólo por mencionar a algunos.

Pedro Avellán, haciéndole honor a sus raíces, nos coloca en una comunidad situada en el territorio conocido como Triángulo Minero, específicamente en Siuna, de donde él proviene, y como buen conocedor de la región, de sus costumbres, de su gente y de su ambiente, nos regala una historia, llena de color, de dolor, de historia y de magia. Sin dejar de lado la veracidad de lo cruda que es la vida en la zona rural de nuestro país.

¿Por qué me llamó poderosamente la atención el aspecto autóctono en la obra? Pues, de hecho, no es el único aspecto presente, pero es con el que me identifico, ya que cuando uno lee, siempre toma y desecha algo de lo leído. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra autóctono proviene del latín autochthŏnes, y éste del griego que significa “el mismo, propio”, y “tierra”. De ahí que se defina como: que ha nacido o se ha originado en el mismo lugar donde se encuentra.

De tal manera que Balastro, ha nacido, se ha originado y relata ampliamente la vida de una comunidad minera, las costumbres y las supersticiones propias del lugar, las relaciones y las luchas entre sus personajes y lo que es más valioso, su autor también es autóctono. Y aunque Pedro Avellán mitifica algunos episodios, coloca personajes ficticios y sobrevalora algunas situaciones, muchas de ellas, incluso los personajes, sí han existido.

Cuando conocí, dentro de la obra, el origen del protagonista, su vida y la vida de quienes lo rodeaban, me llamó la atención un personaje en especial, y aunque ni siquiera es un personaje principal, me deja un mensaje en su pequeña participación en la obra, me refiero al indio Teodoro Canuto. A pesar de que no es un indio autóctono de la zona, este personaje representa toda la idiosincrasia de nuestro pueblo indígena, la ingenuidad, la credulidad y la sumisión.

En algunos episodios de la obra, me dio la impresión de que estaba leyendo a García Márquez, por la marcada tendencia supersticiosa y mágica de Balastro, pero en realidad, esta es solamente una de las tantas influencias que domina Avellán en su novela.

Nuestra cultura, llena de supersticiones desde nuestros ancestros, se ve reflejada en esta obra. Casos de aparecidos, estrellas que guían una ruta, expulsión de espíritus o demonios de casas, duendes, difuntos que regresan del más allá convertidos en animales, o que simplemente están en el limbo porque no pasan directamente a otra dimensión sino que se quedan en el medio, fantasmas, que cuidan a sus seres queridos o que sencillamente les molesta el ruido de voces en su propio velorio, etc., son algunos ejemplos de la genialidad con la que está hecha esta obra, que sin duda, dejan ver las creencias propias de un pueblo que se aferra a algo, que quiere creer en algo o que simplemente quiere temerle a algo.

Existe otro aspecto autóctono presente en la obra, que no quiero dejar de mencionar, es, como lo mencioné al inicio, el lenguaje regional, tan marcado y por ende, tan natural, que le da originalidad a la obra. En esta novela, encontramos expresiones y vocablos propios de la región, y nicaraguanismos, tal como aparecen en casi todas las obras regionalistas de Fernando Silva o de Pablo Antonio Cuadra. Ejemplos de estos vocablos son: abra, chapeado, baquiano, barraco, burrada, cacastudo, catala, chanchero, hacerse el chanco, chapato, chapeado, chaperno, sayul, chiclero, contar chiles, chirrango, ¡chucuplún!, chuluca, coyanchigue, cúcala, cuculmeca, culillo, cuyús, desmambichar, desmando, enchachar, buscar enganche, etc. (Chuluca, coyanchigue, cúcala, wincher, zangamanga, raicilla son vocablos propios de la región caribe).

De todo lo anterior, podemos confirmar que Balastro puede considerarse como una novela autóctona, con un marcado regionalismo y con tendencias de realismo mágico. Sin duda es una novela, cuyo aporte a nuestra narrativa nicaragüense es visible y valioso.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Oe, ¿Leíste Balastro?

Jolman Rivas dijo...

Necesito la biogatfia de pedro Avellan Centeno

Jolman Rivas dijo...

Si