viernes, 23 de enero de 2009

Atlas Lingüístico de Nicaragua


Metodología y resultados obtenidos en la elaboración del Atlas Lingüístico de Nicaragua

Por Doris Arlen Espinoza

¡Al fin un atlas lingüístico de Nicaragua! Es una enorme alegría, a la vez que es meritorio el resultado, la realidad de ver cumplido un reto que solamente estaba en las mentes y sueños de los lingüistas, fonetistas y docentes del habla en nuestro país. Esto me hace recordar a mi maestra de fonética en la universidad, quien soñaba con un atlas que reflejara, mediante sus isoglosas, toda la variedad lingüística de Nicaragua, que fuera un muestrario de nuestra riqueza léxica, una herramienta para todos aquellos quienes nos emocionamos con el estudio de la lengua.

Un atlas lingüístico, a grandes rasgos, es un conjunto de mapas en los que se presenta la variación y unidad regional de la lengua en un territorio determinado. Es el resultado del método de trabajo empleado en la geografía lingüística, el cual está constituido por una serie de mapas del territorio estudiado sobre los que se registra gráficamente la distribución de determinados fenómenos fonéticos, morfológicos, sintácticos y léxicos-semánticos. Cabe señalar que para llegar a este resultado, la elaboración de un atlas lingüístico implica un trabajo de campo, en el cual se administra una encuesta (en la dialectología clásica) en distintos lugares (red de puntos), a fin de poder contrastar cómo hablan las personas en cada punto; implica constancia y tesón, pero sobre todo conocimiento sobre lo que se pretende lograr. Tradicionalmente, en la elaboración de atlas lingüísticos en otras zonas se utilizaba solamente informantes masculinos, que cumplieran la fórmula: oriundos de los lugares (poco viajeros), mayores, hombres y campesinos. Modernamente, en la dialectología actual, se busca incorporar variables diastráticas (como género, nivel de escolaridad, etc., alude a la vinculación de la manera de hablar con el “estrato” social), diafásicas (conversación, lectura, etc.), a las dialectales (regionales), diatópicas (que capta la variación por lugares) como es el caso de nuestro ALN (Atlas Lingüístico de Nicaragua).

Los atlas lingüísticos

Como manifesté anteriormente, los atlas lingüísticos están formados por un conjunto de mapas que muestran gráficamente las variedades de habla de un idioma por zonas. Esta cartografía lingüística no sería posible sin la presencia de quien investiga en las comunidades más representativas, ciudades y pueblos, sin la consulta a los hablantes de una serie de cuestiones relativas a la fonología, la morfología, la sintaxis y el léxico, tratando de observar particularidades. Una vez estudiados estos datos, es posible delimitar las llamadas “zonas dialectales”, que pueden definirse como un conjunto de comunidades donde se registran fenómenos comunes, donde se comparte una manera de hablar.

Se conocen atlas lingüísticos representativos, especialmente en España, cuando se publicó el primer tomo del Atlas Lingüístico de la Península Ibérica (ALPI), gran proyecto de equipo coordinado por el filólogo Tomás Navarro Tomás (1884-1979). Posteriormente, el dialectólogo Manuel Alvar (1923-2001) puso en marcha el Atlas Lingüístico de España y Portugal (ALEP), para mencionar algunos, de manera que se puede considerar al profesor Alvar como el gran promotor actual de la geografía lingüística del español. Bajo su dirección han aparecido cuatro volúmenes del Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía (ALEA) y se preparan los de Aragón, Murcia, Navarra y Canarias. También se está trabajando actualmente sobre el Atlas lingüístico del dominio catalán (ALDO) y se recogen materiales para el Atlas lingüístico vasco. Por otra parte, en Latinoamérica, se conoce el Atlas lingüístico y etnográfico de Colombia, el Atlas lingüístico de México, de Uruguay y de Perú, y se encuentran en proyecto, más o menos avanzados, los atlas lingüísticos de Costa Rica y Chile, y actualmente, ya concluido, nuestro Atlas Lingüístico de Nicaragua, de la doctora María Auxiliadora Rosales.

El Atlas Lingüístico de Nicaragua (ALN)

Este proyecto ya concretado, puesto ahora en nuestras manos, es fundamental para el conocimiento de la realidad lingüística de nuestro país, pues nos permite ver realmente, más allá de lo que se dice o de otro tipo de investigaciones que tuvimos anteriormente, cómo se distribuye regional y socialmente el español en el territorio de nuestro país. El ALN muestra en forma muy clara esa distribución. Es un conocimiento que no teníamos y que, a partir de ahora, empezamos a tener.

El motivo era, principalmente, ver cómo se plasma un paisaje lingüístico en un país relativamente nuevo. Un país, además, en el que se encuentran diversas lenguas, como todos sabemos en todo el país.

Este trabajo no es prescriptivo, no dice cómo se debe hablar. Ese es otro nivel de otra organización lingüística del país que, a través de las Academias, que legislan sobre lo correcto o lo incorrecto, dirán cómo debe decirse algo. Este trabajo no tiene nada que ver con esto. Este Atlas lingüístico es una especie de fotografía, sobre la base de una cantidad de encuestas y entrevistas, sobre cómo y por qué se habla la lengua que hablamos los nicaragüenses, según el lugar, según el estrato social al que pertenece la persona.

El ALN está elaborado a nivel fonético, es la síntesis de un trabajo que iniciaron muchos lingüistas de nuestro país hace ya muchos años, al observar agudamente la manera de hablar del nicaragüense, de omitir o agregar sonidos a las palabras, de aspirar o neutralizar en el proceso de articulación.

Entre estos lingüistas tenemos a Mariano Barreto, Hildebrando Castellón, Heberto Lacayo, para mencionar a algunos, pero científicamente el estudio de las causas y principales fenómenos de las variantes fonéticas en nuestro país sólo ha sido llevado a cabo por la doctora María Auxiliadora Rosales, quien sin soslayar las investigaciones hechas por sus antecesores, retoma los estudios antes realizados y los supera, estableciendo lingüísticamente un proceso de alteridad, en el que reconoce la riqueza de nuestra lengua y el matiz de originalidad que le imprime el nicaragüense al hablar.

Para lograr un proyecto de tan gran magnitud, en el que desmitifica y revela, se ampara en grandes estudios fonéticos realizados con cientificidad.

El ALN, nivel fonético, es interdisciplinario, en él la autora abarca cada palmo de nuestra tierra para darnos una obra pionera en Nicaragua, que se da las pautas necesarias para alcanzar un gran proyecto, aun más ambicioso: la unidad lingüística de Nicaragua.

He tratado, sin ser fonetista ni mucho menos, de entender cada mapa publicado en este atlas, he contrastado los objetivos que se propuso la doctora Rosales con el resultado final, la metodología usada para lograr este fruto; y la verdad es que he llegado a la conclusión de que el ALN, además de ser tan asequible a quien lo lee e interpreta, cumplió los objetivos propuestos, a nivel fonético y lingüístico, ya que está elaborado en ese nivel, no evade los estudios lingüísticos anteriores a él, y la metodología empleada se corresponde con la geolingüística pluridimensional (que incorpora más de una variable, además de la variable diatópica) y el análisis de fenómenos lingüísticos, las variables geográficas, generacionales y de sexo. Las isoglosas fonéticas representadas en él, corresponden a las relevantes y la delimitación de las diferentes zonas dialectales de Nicaragua, está basada en los fenómenos fonéticos más significativos e identificados por la doctora Rosales. Este atlas establece, además, un índice estadístico de aparición de algunos fenómenos fonéticos en su pluridimensionalidad diatópica, diasexual y diageneracional.

Es meritorio reconocer el esfuerzo pionero de la doctora Rosales en la elaboración de esta obra, teniendo en cuenta que, como ella misma afirma, en Nicaragua se ha adolecido de un trabajo sistemático, coherente y homogéneo que dé una visión global de todos los niveles de la lengua. Ya podemos decir que Nicaragua se ha adentrado, y mucho, en el estudio científico de la dialectología.

Queda pendiente, pues, un atlas que refleje la variedad lingüística que predomina en las regiones plurilingües (Atlántico Norte y Sur) de nuestra Nicaragua, ya que en el ALN sólo se tomaron en cuenta a los hispanohablantes monolingües.

Mis respetos y felicitaciones a la doctora Rosales por el fruto de este proyecto tan importante para nuestra lengua nicaragüense que nos pone en un sitio especial a nivel internacional. Sea este un paso para la gran meta que mencioné anteriormente: la unidad lingüística de Nicaragua.

1 comentarios:

Jose Mendieta dijo...

También está el Atlas Linguistico Etnografico de Nicaragua que lo hizo la misma mujer Auxiliadora y el linguista Carmen Chavarría, este último hizo una tesis muy interesante sobre el uso del "vos, usted y tú" de América Central.